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Jorge Luis Borges

J.L. Borges
En estos día en que proliferan los homenajes, charlas y reediciones del gran escritor, sería oportuno recordar algunas vivencias de él. Fue Borges quien en Marzo de 1946 publicara el primer cuento de Julio Cortázar “Casas Tomadas”. Fueron muchos a los que Borges les dedicó un espacio en la revista “Anales de Buenos Aires” y fue Borges quien junto a Cortázar descubrieron al joven escritor Felisberto Hernández, uruguayo.
Un día la albacea de la revista, la sra. Sara de Ortiz, dispuso que a los escritores emergentes, se les pagara el 20 % de las ganancias. Borges puso el grito en el cielo y luego de un tiras a flojas con la señora, consiguió que todos recibieran la misma cantidad de dinero, nada despreciable para la época. Porque si bien es sabido que Borges, no tenía idea del valor del dinero, tenía sí el sentido de la justicia y era generoso.
Recuerdan que una vez en 1964, en París, la Radio Televisión de Francia (RTF), le dio un cheque de mil dólares por un reportaje largísimo. Borges creyó que se habían equivocado y quería devolverlo, “ con cien es suficiente, mil es una locura ! “.
“Nunca supe porqué a todos les dio por ponerle “La metamorfosis”. Es un disparate !. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán, el sentido exacto del título que le puso Franz kafka a su relato, “Die verwandlung”, que se traduce La Transformación "!, dijo J.L. Borges, en una entrevista al diario El País del 30 de julio de 1983.
Los que hace grande a Borges es que es el único escritor latinoaméricano que admite la obra completa, no tiene altibajos, está todo escrito en un mismo registro. J. L. Borges fue el escritor más literario de toda la historia de la literatura, cada frase , cada oración en cada palabra Borges se tomaba semanas. Si se lee a Shakespeare, en inglés antiguo, quizás nunca tuvo el próposito de ser un literato y terminó siéndolo, Borges sí se lo propuso y lo logró. Fue el más grande lector, que devolvió todo lo leído a través de su genio.
Santiago León de Caracas

A Caracas se llega por avión, barco o a machete limpio. Llegué desde el aire, en medio del mar está La Guayra, donde unos negros como iluminados por dentro, bebían unas birras al borde del agua. De La Guayra a Caracas, capital federal, existe una carretera construida violentamente a rajatabla. Nacida a dinamita y estropajo, quitada a la roca viva de los andes y se desliza de boquerón en boquerón.
Al salir de último boquerón, uno queda instalado en una gran madeja de concreto, con brazos enormes que se extiende en todas direcciones, el distribuidor El Pulpo. Inmediatamente queda patente que Santiago León de Caracas es el gran anfiteatro de Latinoamérica, que el cosmos doto de oro, esmeraldas, alquitrán, petróleo, tapires, guanagúanares, montañas de aves, de un Sol que derrite el cemento y de vegetales que crecen al cielo. Una de las curiosidades de Caracas que me llamó mucho la atención, a diferencia de otras ciudades del mundo, donde las calles son calles y las casas son casas y tienen dirección. En Caracas, las casas tienen nombres propios, surgiendo los más latinos; Villa Lucía, Villa Encarnación, Villa Guadalupe, Villa Isabel Margarita. Para llegar a una dirección, es menester saber el nombre del barrio, el nombre de la urbanización, el nombre de la calle y por último el nombre de la casa.
Caracas tiene la Pza del Silencio, Pza. Venezuela con La Previsora como fiel acompañante, el Palacio de Gobierno con los recuerdos del libertador Simón Bolívar y de Páez, el Club Militar, construido en los tiempos de Pérez Jiménez, tiene los tapices y alfombras más elegantes y gruesos del mundo, superan con creces a los de Versalles, la Universidad Central de Venezuela ( UCV ), la Universidad Simón Bolívar, el centro cultural Teresa Carreño, el edificio del Cubo Negro, el C.C.C.T, las estaciones de metro del Silencio y Capitolio, son obras millonarias con una arquitectura insolente, liberal y ultramoderna, supera todo lo visto en cualquier parte del mundo.
Su gente, es la más despreocupada y alegre del orbe, con las mujeres más morenamente encantadoras del mundo, producto de una deriva génica increíble, inaudita. Al caminar por el boulevard de Sabana Grande, desde Chacaito hasta Pza Venezuela uno puede aprender a saludar a lo menos en cinco idiomas; los buhoneros, el comercio, el café Grande, los clubes de ajedrez, las tabernas y las tascas son la vida del boulevard, que al caer la noche se transforma y surgen espectáculos difícilmente descriptibles, los más arrechos, ven “el color del final de la noche” y el Sol puesto en el Avila.
La sensación que provoca caminar por Las Mercedes hasta el Hotel Tamanaco y, de ahí hasta Concresa o la de bajar corriendo desde la Bolívar, pasando por Baruta hasta llegar a Cumbres de Curumo, es la de una amalgama de emociones, sentimientos y vibraciones que están en el aire y en los colores, que al igual que un furioso amor, este brutal huracán de estímulos y sinapsis que brinda Caracas, se convierte en una suave brisa que te estremece en una sacudida planetaria.
Recomendación

Suele ocurrirme, con menuda frecuencia que me preguntan:
-Qué libro me recomiendas para leer ? algo liviano y digerible.
Mi respuesta, siempre va de acuerdo con el que pregunta. Debo sí, reconocer que lo que aquí se narra me provocó mucha gracia y un sentimiento indescriptible. En esta oportunidad, me remití a EE.UU en la década de 1850, donde la gran novela norteamericana era sueño y perdición de los escritores estadounidenses.
Este ambicioso modelo, parió cuatro libros fundamentales, dos primeros y dos después. Es asombroso ver, que el destino de estos, es inaudito. Ambas parejas de libros sufrieron el mismo destino, uno muy famoso y celebre, el otro desterrado a la incomprensión, rechazo y un olvido aterrador. Con consecuencias también muy disímiles para sus autores.
Aparecen en Nueva York los primeros volúmenes experimentales, ambos muy distintos. El primero un best seller de inmediato que ahora está relegado a la literatura infantil o la curiosidad de intelectuales, literatos y de aquellos que no tienen nada que hacer. “HIAWATHA” de Longfellow. El otro, entonces ignorado y ahora inmortalizado, “HOJAS de HIERBA” de W. Whitman.
Hiawatha, es un obra de un buen poeta que ha explorado bibliotecas con buena imaginación y oídos. Hojas de Hierba, en cambio es una obra brutal y violenta clara revelación de un hombre genio.
Son evidentes sus diferencias que sorprende que sean contemporáneas. Sin embargo, debemos admitir, que algo las une, los cuatro libros son epopeyas americanas. Debemos recordar que EE.UU. era entonces un símbolo famoso, de un ideal originado en el siglo pasado, ahora, un tanto gastado por el abuso de las urnas electorales y por los elocuentes excesos de retórica.
Las otras dos piedras fundamentales son “HUCKLEBERRY FINN” y “MOBY DICK” de Mark Twain y Herman Melville respectivamente. El primero es la libertad hecha rebeldía, con una buena dosis de buen humor.
Moby Dick, en cambio, es la oscuridad misma, con gigantescas y colosales tormentas marinas, en un barco que es – una prisión infernal – del demencial y sombrío capitán Ahab. “ He escrito un libro perverso” escribiría Melville a Hawthorne ( otro grande de la literatura americana ), es el único que reconoció en ella, una gran novela cargada de simbolismos, demonios y dudas existenciales, que sólo en 1920 comenzó a ser valorada.
Pues bien, después de haber divagado por mi mente por unos segundos, respondí. Se me quedó mirando fijo, tomo un sorbo de su café, se levantó con una parsimonia inusual y me dijo.
- Tu crees que soy una niña ?!
Se fue encabronada, brava y mal humorada, que casi se cayó al salir. Terminé mi café, pedí otro, apagué el celular, escribí esto y me fui más tranquilo que nunca.
